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Los agricultores del Café: Informe Sobre el café.
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Mensaje Los agricultores del Café: Informe Sobre el café. 
La actual crisis en el mercado del café está destruyendo el medio de
vida de 25 millones de productores en todo el mundo. En tres años
el precio del café ha caído al menos en un 50 por ciento, alcanzando
los niveles de hace 30 años. Las previsiones a largo plazo son
pesimistas. Los cultivadores de café de los países en vías de
desarrollo, la mayoría pequeños productores, venden sus granos de
café a un precio muy inferior al coste de producción. En la provincia
vietnamita de Dak Lak, por ejemplo, sólo cubren el 60 por ciento
del mismo. Mientras los agricultores venden el café asumiendo
fuertes pérdidas, los cafés de marca se venden al público generando
importantes beneficios. La crisis del café es un desastre para el
desarrollo y sus efectos se notarán durante mucho tiempo.
Las familias se ven obligadas a sacar a sus hijos – especialmente a
las niñas – de la escuela, no pueden costear las medicinas básicas y
tienen que reducir su alimentación. Los intermediarios están
abandonando el negocio, las economías nacionales se ven afectadas
y algunos bancos se están hundiendo. Los gobiernos ven como se
reducen sus ingresos, lo que afecta a los presupuestos destinados a
salud y educación, y les fuerza a seguir endeudándose.
La solución debe ser proporcional al alcance de la crisis. Es
necesario un Plan de Rescate para el Café – en el que participen
todos los actores implicados en su comercio – para conseguir que el
mercado beneficie tanto a los pobres como a los ricos. No se trata
sólo del café, estamos hablando de una cuestión clave en el camino
hacia un comercio con justicia para todos.
El fracaso del mercado del café está perjudicando a los productores
de las pequeñas granjas familiares; a los exportadores locales y a los
empresarios, que ya no pueden resistir la presión de la fuerte
competencia internacional; y a los gobiernos, que habían fomentado
la producción para aumentar sus ingresos por exportaciones.
Hace diez años los países productores y exportadores recibían una
tercera parte del valor del café en el mercado. Hoy reciben menos
del 10 por ciento. En los últimos cinco años, el valor de las
exportaciones de café ha caído cerca de 4.000 millones de dólares;
basta comparar esta cifra con los 4.700 millones de dólares de
deuda que han amortizado Honduras, Vietnam y Etiopía en 1999
y 2000.
Es previsible que el mercado del café también acabe por perjudicar
a las compañías procesadoras, expertas en convertir el grano verde
en dinero. Las cuatro grandes tostadoras, Kraft, Nestlé, Procter &
Gamble y Sara Lee, tienen cada una, como mínimo, una marca de
café que genera ventas anuales de más de mil millones de dólares.
Junto con el gigante alemán Tchibo, compran cada año casi la
mitad de los granos de café de todo el mundo. Los márgenes de
beneficio son altos: Nestlé tiene un margen medio de beneficio del
26 por ciento en el café instantáneo. Se estima que los beneficios
de Sara Lee son en torno al 17 por ciento, muy altos en
comparación con los obtenidos por otras marcas de comida y
bebida. Esto no sería ningún problema si todos los integrantes de
la cadena de producción resultaran beneficiados. Pero la realidad
es que el floreciente negocio de las compañías lo están costeando
algunas de las personas más pobres del mundo.
Pagar unos precios lo más bajos posibles – sean cuales sean las
consecuencias para los cultivadores – es una estrategia peligrosa a
largo plazo. A corto plazo tampoco ayuda a los intereses de los
productores de café instantáneo. Es particularmente arriesgada si se
tiene en cuenta que estas compañías dependen de la buena
voluntad de los consumidores. El aumento de las ventas de
Comercio Justo muestra que éstos se preocupan por la situación de
pobreza de aquellos que producen los bienes que consumen.
La industria del café está inmersa en un proceso radical de cambio.
Ha pasado de ser un mercado regulado, en el que los gobiernos
jugaban un papel activo, a ser un sistema de libre mercado en el que
cualquiera puede participar y en el que el mercado determina el
precio del café. Gracias a estos cambios, las grandes compañías
cafeteras pueden comprar la materia prima a unos precios muy
bajos.
A ello hay que añadir que Vietnam ha entrado con fuerza en el
mercado y Brasil ha aumentado su ya importante producción. El
resultado es que se produce más café, y de menor calidad, llevando a
una dramática caída en el precio que se paga a los agricultores. Se
produce un 8 por ciento más café del que se consume. Mientras
tanto, las compañías cafeteras se han mostrado muy lentas a la hora
de asumir lo que una de ellas identificaba como su responsabilidad
básica en el contexto de la actual crisis: generar demanda. El
crecimiento del 1-1,5 por ciento anual de la demanda se ve superado
por un aumento de más del 2 por ciento en el suministro.
El estancamiento del consumo no está afectando a las compañías
cafeteras. El libre mercado les ofrece opciones sin precedentes. Las
actuales mezclas estandarizadas pueden resultar de la mezcla de
hasta 20 tipos de café. Una sofisticada gestión y cobertura de riesgos
permite a las compañías comprar, con un simple clic del ratón del
ordenador, al productor con un precio más bajo, para después
realizar las mezclas.
En el otro extremo de la cadena, el mercado no se percibe tan libre.
Sin carreteras o transporte hacia los mercados locales, sin soporte
técnico, créditos, ni información sobre precios, la gran mayoría de
agricultores está a merced de intermediarios que les ofrecen un
Resumen
precio sin más opciones que “lo tomas o lo dejas”. Pasar a cultivar
otro producto plantea muchos problemas. Necesitan un dinero que
no tienen y unos cultivos alternativos con mejores perspectivas.
Para un agricultor es muy arriesgado dar la espalda a cuatro años de
espera hasta que los arbustos del café empiezan a dar sus frutos.
Este fracaso del mercado se debe también, en parte, al clamoroso
fracaso de la política de las instituciones internacionales. El Banco
Mundial y el FMI han empujado a los países empobrecidos a
liberalizar el comercio y buscar un crecimiento orientado a la
exportación en sus áreas de “ventaja comparativa”. Pero la ventaja
puede ser muy pequeña, como muestra la inundación de los
mercados mundiales con café y otros productos agrarios. Estos
países se ven atrapados al vender materias primas de las que, en
última instancia, no obtienen el valor añadido que el producto final
ha adquirido cuando llega a las estanterías de los supermercados.
Incluso dentro del mercado libre del café, se puede acusar a estas
instituciones de negligencia. ¿Dónde estuvo el asesoramiento
económico a los países en desarrollo en función de las tendencias
generales de los productos básicos, y su más que probable impacto
en los precios? ¿Qué medidas urgentes están tomando los
gobiernos donantes para evitar que las conmociones en el mercado
de productos básicos amenacen los esfuerzos para reducir la carga
de la deuda en los países más pobres?
Los países consumidores ricos y sus grandes empresas han
respondido a la crisis con una complacencia inexcusable. Ante la
miseria, han ofrecido muchas palabras pero poca acción. Las
soluciones existentes basadas en el mercado – Comercio Justo y
desarrollo de especialidades de cafés - son importantes, pero sólo
para algunos agricultores. Pueden ayudar a reducir la pobreza, pero
lo que se necesita es una solución global. El reto es lograr que el
mercado del café beneficie tanto a los pobres como a los ricos. Está
bien analizar el fracaso de esfuerzos anteriores de intervención del
mercado y aprender sus lecciones, pero también hay que aprender
las del presente. El bajo precio del café hace que algunas de las
personas más pobres y con menos poder del mundo, tengan que
negociar en un mercado libre con algunas de las más ricas y
poderosas. El resultado, nada sorprendente, es que los ricos son
cada vez más ricos, y los pobres más pobres.
El año próximo es crítico. Los gobiernos de los países productores
han acordado un plan que pretende reducir el suministro
mejorando la calidad del café que se comercializa. Sólo funcionará
si lo apoyan las compañías y los países ricos, y se complementa con
medidas para solucionar el subdesarrollo rural.
Oxfam Internacional exige un Plan de Rescate para el Café
encaminado a conseguir que el mercado beneficie tanto a los ricos
como a los pobres. Debe reunir a los principales actores involucrados
en el sector del café para así poder superar la crisis actual y crear un
mercado más estable.




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